
Torre Eiffel, París Francia
Torre Eiffel - París
La Torre Eiffel fue construida para la Exposición Universal de 1889, en conmemoración del 150.° aniversario de la Revolución Francesa. El Príncipe de Gales, posteriormente el Rey Eduardo VII de Inglaterra, fue quien inauguró la torre.
De las 107 propuestas presentadas en un concurso, el diseño elegido por unanimidad fue el que presentaron los ingenieros en jefe (Maurice Koechlin y Emile Nouguier) de la empresa de Gustave Eiffel, aunque no fue aceptado de manera universal. Al inicio de la construcción, varios artistas (entre ellos Charles Gounod, Guy de Maupassant, Alexandre Dumas hijo, Francois Coppee y Charles Garnier, entre muchos otros) firmaron la "Protesta contra la Torre del señor Eiffel" y la publicaron en el periódico Le Temps. Temían que esa "inútil y monstruosa" "locura estupefaciente" eclipsara y deshonrara a su amada París.
Reconocido ya por su ingeniería en soportes de puentes (y por construir la estructura de la Estatua de la Libertad), Eiffel y su equipo estaban seguros de poder diseñar algo que alcanzara los 300 metros (1000 pies), y se incorporó al arquitecto Stephen Sauvestre para mejorar el atractivo del proyecto ante el público. Los elementos que él añadió, como los grandes arcos en la base, son los que le dan a esta maravilla de la ingeniería su apariencia tan característica. Para cuando finalizó la construcción, la Torre Eiffel cosechó un enorme éxito popular: recibió dos millones de visitantes durante la Feria Mundial de 1889. Con el tiempo, Charles Gounod fue invitado personalmente a tomar café en el apartamento privado de Eiffel en la cima de la torre.
Con 300 metros de altura (320.75 m incluyendo la antena) y 7000 toneladas, fue el edificio más alto del mundo hasta 1930. Hasta 300 trabajadores en el sitio ensamblaron las 18,000 piezas de hierro en poco más de dos años. Se necesitaban cuatro hombres para instalar cada uno de los 2.5 millones de remaches: uno para calentarlo, uno para sostenerlo en su lugar, uno para dar forma a la cabeza y un cuarto para golpearlo con una almádena. Construir "La Dama de Hierro" fue una proeza técnica y arquitectónica que destacó por sus innovaciones en ingeniería y altura. La construcción se realizó en tiempo récord, la nueva tecnología proveyó los ascensores y la iluminación, y un trabajo pionero garantizó que la torre pudiera resistir los efectos de la naturaleza. Eiffel sentía fascinación por la aerodinámica y construyó su torre para que resistiera los vientos fuertes y casi constantes que azotarían la cima, lo que resultó en una oscilación de apenas 12 cm. (El clima también afecta la altura de la Torre Eiffel, que puede variar hasta 15 cm, ya que las temperaturas ambientales provocan que el hierro se dilate y se contraiga.)
Sorprendentemente, la Torre Eiffel nunca estuvo pensada para ser permanente. Los requisitos del concurso inicial incluían la posibilidad de desmantelar la estructura al término de un arrendamiento de 20 años sobre el terreno. Fiel a su espíritu emprendedor, Eiffel se dedicó a encontrar usos prácticos que justificaran la continuidad de la Torre. De inmediato instaló un laboratorio meteorológico en el tercer piso, donde podía cultivar intereses que abarcaban desde la astronomía hasta la fisiología. La propia estructura fue equipada con toda clase de instrumentos de observación científica, entre ellos termómetros, barómetros y manómetros. Él mismo realizó experimentos para estudiar el viento, la gravedad y la iluminación eléctrica, y también fomentó los estudios científicos y fisiológicos de otros investigadores. Eiffel mandó grabar los nombres de 72 científicos franceses en los costados de la Torre. Los nombres desaparecieron cuando la estructura de hierro recibió una nueva capa de pintura, pero medio siglo después fueron restaurados y hoy los visitantes pueden verlos.
La Torre también se convirtió en una herramienta fundamental para las comunicaciones y la radiodifusión. Los avances en telegrafía, radio y telecomunicaciones se vieron impulsados gracias a la posibilidad de utilizar la torre como una antena de enormes proporciones. Las primeras transmisiones inalámbricas del mundo se realizaron desde un transmisor instalado en la torre por el Capitán Ferre y el ejército francés (con financiamiento de Eiffel). Cuando el ejército logró interceptar mensajes estratégicos del enemigo y detener a espías (entre ellos Mata Hari), la Torre Eiffel se volvió indispensable.
La iluminación siempre ha tenido un papel protagónico en la Torre. En su primera noche, la estructura brilló con 10,000 farolas de gas y un faro de colores recorrió París girando en rojo, blanco y azul. Desde una araña de mil bombillas hasta publicidad animada y un colorido homenaje al rugby, pasando por hermosas presentaciones para celebrar sus propios aniversarios, las bombillas y los métodos de proyección han cambiado y mejorado, pero la iluminación de la Torre Eiffel sigue deslumbrando a quienes la contemplan. Tras su audaz vuelo desde Nueva York cruzando el Atlántico, Charles A. Lindbergh dijo que fueron las mil luces de la Torre las que iluminaron su camino hacia París.
Otro ángulo fascinante en la historia de la Torre podría ser su relación con el tiempo mismo. En sus inicios, los parisinos podían poner en hora sus relojes con el sonido de un cañón disparado desde la Torre Eiffel todos los días al mediodía. En 1907, se instaló un enorme reloj en el nivel del segundo piso; con números luminosos de 20 pies de altura, el reloj podía verse desde una distancia considerable. En 1910, la estructura volvió a ser un instrumento científico de importancia, cuando una organización internacional del tiempo utilizó la Torre Eiffel para transmitir señales horarias por radio, las cuales no solo sincronizarían la hora en todo el mundo, sino que también permitirían medir con exactitud la posición de los meridianos. En 1933, se instaló un reloj de 20 metros de ancho a 200 metros de altura en la torre: rayos de luz multicolores, que se encendían uno tras otro, indicaban el movimiento de las horas y los minutos. Una enorme cuenta regresiva colgó de la Torre Eiffel para contar los 1000 días restantes hasta el año 2000, y el Milenio se celebró con un espectáculo de fuego y luz en la Torre que fue transmitido en todo el mundo.
A la fecha, la Torre Eiffel ha recibido más de 250 millones de visitantes, la mayoría de ellos provenientes de fuera de Francia. Celebridades y personalidades de renombre de todo el mundo han venido a admirar el monumento de pago más visitado del planeta. Y quienes en todo el mundo no pueden visitarla en persona probablemente la han visto aparecer en alguna película o representada en obras de arte.
Los visitantes encontrarán mucho qué hacer y qué ver en la Torre. El primer piso ha sido sometido a una extensa renovación y ahora cuenta con un piso transparente a 57 metros (187 pies) sobre el suelo. También hay exposiciones actualizadas e integrales en este piso, muchas de ellas interactivas. Suba al segundo piso para disfrutar de amplias vistas de París y luego tome los ascensores de vidrio 180 metros (más de 590 pies) hasta la cima. Aquí, además de vistas aún más impresionantes, podrá visitar la oficina de Gustave Eiffel, recientemente restaurada. En la Torre hay restaurantes y tiendas, además de exposiciones permanentes y temporales. En invierno hay patinaje sobre hielo. El entretenimiento es frecuente y en ocasiones espectacular. Entre los eventos especiales ha habido competencias (subir las escaleras con todo, desde un elefante hasta motocicletas de motocross), conciertos, exposiciones de arte, un ballet y más de un acróbata. No deje de enviar una postal desde la oficina de correos (en el primer piso) con el matasellos exclusivo de la Torre Eiffel.
El hierro puede oxidarse, y pintar a la Dama de Hierro es una tarea monumental que se lleva a cabo cada siete años y puede durar hasta 18 meses. La Torre permanece abierta al público mientras 25 pintores (colgados de andamios) inspeccionan, decapan y repintan toda la estructura a mano. Se requieren 60 toneladas de pintura, y el tono se va aclarando hacia la parte superior para que la distancia no altere el color que percibimos —un color que ha cambiado a lo largo de los años: primero rojo, luego amarillo y, finalmente, distintos tonos de café. (Aun así, la iluminación en la Torre y a su alrededor le ha permitido brillar en casi todos los colores del arcoíris.) La pintura actual es de un rico tono bronce y contribuirá a que la Torre Eiffel siga en pie para que millones de visitantes más puedan apreciarla en los años venideros. - Ubicación: París - Sitio web: http://www.tour-eiffel.fr

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